Este aparentemente difícil hábito es mucho más sencillo de lo que imaginamos si nos damos la oportunidad de ponerlo en práctica. Escuchar a nuestro cuerpo y esperar a sentir el hambre es estar conectado con él, traduciéndose en armonía y bienestar interior.
Si comienzas a entrenar la escucha de tu cuerpo y sus necesidades reales estando muy presente mientras comes, transformarás tu vida.

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