PARCHEAMOS AQUELLO QUE NO QUEREMOS AFRONTAR

Lo que nos pasa en nuestra vida no depende de dónde vivamos o con quién estemos. Lo que nos pasa, depende de cómo estamos interiormente, y en función de ello, de cómo vemos la vida de manera totalmente subjetiva.

Podemos huir en busca de la solución cada vez que entremos en una crisis, tratando de encontrar ansiosamente algo externo a nosotros que resuelva nuestro problema. Esto podría ser un cambio de ciudad, un cambio de pareja o emparejarnos con cualquier persona que nos “medio encaje” o tener una «colección de ligues» para utilizar en los momentos que nos sentimos vacíos o angustiados.  Un cambio de casa, de armario o  estético.

¿Cuántas veces hemos puesto toda la atención en el físico para alejarla de lo verdaderamente importante?

Cualquier cosa que nos ayude a desviar nuestra atención del problema principal y a taparlo con un corto «subidón» emocional, es un parche. Los parches son de corta duración:  lo que dura la explosión de la novedad.

Lo que no reparamos por nosotros mismos vuelve a salir una y otra vez a la superficie, y de nuevo, nos veremos entre dos opciones, enfrentarlo o parchear. 

La clave de nuestra felicidad está precisamente en aquello que más miedo nos da enfrentar, aquello a lo que le ponemos una y otra vez un parche encima. Ahí debajo están nuestras limitaciones, nuestras creencias rígidas, nuestro trabajo de autoconocimiento. Ahí es donde hemos de poner nuestro amor y atención para tomar consciencia, con el fin de  llegar a la aceptación y finalmente sanarlo.


La clave de nuestra felicidad está precisamente en aquello que más miedo nos da enfrentar, aquello a lo que le ponemos una y otra vez un parche encima. Ahí debajo están nuestras limitaciones, está nuestro trabajo de auto conocimiento, donde hemos de poner consciencia y amor para tratarlo, y así llegar a la aceptación y finalmente sanarlo.

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